El costo de los servicios y alimentos en zonas urbanas subió por encima de la inflación, impulsado por las alzas en transporte y educación.
El bolsillo de los habitantes en las ciudades mexicanas sufrió un nuevo golpe durante el pasado mes de junio. Acceder a la canasta básica de servicios y alimentos en las zonas urbanas del país requirió un ingreso mínimo de 4,888 pesos por persona, una cifra que superó el índice de inflación general. De acuerdo con los datos oficiales de las Líneas de Pobreza por Ingresos divulgadas por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), el encarecimiento de los productos básicos limitó el poder adquisitivo de la población en un periodo que coincidió con el arranque de la Copa Mundial de Futbol.
La mecánica de este incremento responde principalmente al comportamiento de los productos alimentarios, los cuales representaron la mayor presión económica para las familias. El impacto de la comida en la variación anual de las Líneas de Pobreza fue significativamente más severo en las ciudades que en el campo, registrando una incidencia del 60.7% en el ámbito urbano frente al 49.4% en el sector rural.
Además de la comida, los servicios esenciales presionaron el presupuesto urbano. El Inegi detalló que los rubros no alimentarios que más impactaron a los ciudadanos de las urbes fueron el transporte público, la educación, la cultura y la recreación. En contraste, en las comunidades rurales los aumentos más significativos fuera de los alimentos se concentraron únicamente en el transporte público y los cuidados personales.
4,888 pesos fue el monto exacto necesario en junio para adquirir la canasta básica en zonas urbanas.
7.5% aumentó el costo del transporte público en las ciudades, siendo el servicio con mayor incremento.
60.7% fue la incidencia de la canasta alimentaria en el cambio anual de la línea de pobreza urbana.
La realidad de los datos del Inegi demuestra que el costo de la vida urbana se acelera a un ritmo que los ingresos difícilmente logran empatar, dejando a los servicios básicos y la alimentación como los principales dinamizadores de la presión financiera en México.







