Lula y Flávio Bolsonaro respaldan incentivos para atraer inversiones y convertir a Brasil en un polo de potencia computacional para inteligencia artificial.
Brasil busca convertirse en uno de los principales centros de potencia computacional para inteligencia artificial en América Latina, y los centros de datos ya ocupan un lugar dentro de la carrera presidencial de 2026.
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha impulsado una iniciativa para reducir impuestos a equipos de tecnología destinados a centros de datos, con el objetivo de acelerar proyectos y atraer inversión extranjera. La propuesta estaba programada para ser votada en el Senado el martes 1 de septiembre.
Entre los proyectos que podrían beneficiarse se encuentra Rio AI City, un desarrollo previsto en Río de Janeiro con una inversión estimada de 65 mil millones de dólares. Lula ha defendido la expansión de los centros de datos bajo argumentos de soberanía tecnológica, generación de empleos y llegada de capital extranjero.
La apuesta brasileña ocurre mientras otros países de la región, como Argentina y Chile, también ofrecen incentivos y desarrollan infraestructura para competir por las inversiones relacionadas con inteligencia artificial.
En la disputa presidencial, Lula y Flávio Bolsonaro coinciden en respaldar incentivos para atraer inversiones en este sector. La infraestructura digital se convierte así en un tema vinculado tanto con la política económica como con la estrategia tecnológica del país.
Sin embargo, el crecimiento enfrenta obstáculos. Los retrasos fiscales y las limitaciones de infraestructura podrían ralentizar la expansión de los centros de datos, mientras algunos proyectos también han generado protestas, particularmente entre grupos indígenas.
Datos Duros:
- US$65 mil millones: inversión prevista para Rio AI City.
- 1 de septiembre de 2026: fecha prevista para la votación de la iniciativa fiscal en el Senado.
- Brasil, Argentina y Chile: países que compiten por inversiones en infraestructura para IA.
Brasil busca que la infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial se convierta también en una ventaja económica y electoral, aunque los retos fiscales y de infraestructura siguen sobre la mesa.







