A diferencia de Europa, el 76% de los bancos en la región señala la evolución digital como el mayor desafío externo para su estabilidad.
La banca en América Latina ha dado un giro drástico en su brújula de seguridad. Mientras que en Europa y Medio Oriente las tensiones geopolíticas quitan el sueño a los financieros, en nuestra región el verdadero enemigo —y aliado— es la tecnología. Según la más reciente Encuesta Global de Gestión de Riesgos Bancarios, desarrollada por EY y el Institute of International Finance, el 76% de los directores de riesgos (CRO) locales coloca al cambio tecnológico acelerado como la principal fuerza externa que sacude al sector.
Este cambio de paradigma responde a la irrupción masiva de la Inteligencia Artificial, la automatización y la sofisticación de los fraudes digitales. Los bancos ya no ven la tecnología solo como una herramienta de eficiencia, sino como un ecosistema de riesgo “NAVI”: no lineal, acelerado, volátil e interconectado. En este nuevo tablero, un fallo en ciberseguridad o un sesgo en un algoritmo de IA puede escalar de un problema técnico a una crisis reputacional y financiera en apenas unas horas.
El rol del Director de Riesgos ha dejado de ser el de un simple “guardián” de reglamentos. Ahora, estos ejecutivos se integran en el núcleo de las decisiones de inversión tecnológica. La prioridad ha pasado de reaccionar ante fallas operativas a la necesidad de medir activos digitales y anticipar escenarios de riesgo en un entorno donde la regulación suele ir pasos atrás de la innovación. El estudio subraya que la interconexión de riesgos es hoy el mayor reto operativo para la banca latinoamericana.
• 76% de los directores de riesgo: Identifican la tecnología como el factor de mayor impacto en Latinoamérica.
• Entorno NAVI: El concepto que define los riesgos actuales como no lineales, acelerados, volátiles e interconectados.
• IA y Ciberseguridad: Se consolidan como las prioridades estratégicas por encima de las tensiones políticas globales.
La banca latina ha entendido que su supervivencia no depende solo de la inflación o la política, sino de su capacidad para blindarse y domar la revolución tecnológica.


