Frente a las alertas sociales por la planta de GPO en la Bahía de Ohuira, la ciencia respalda las medidas de contención implementadas para evitar desastres químicos.
El funcionamiento de la planta de amoníaco de la empresa GPO en la Bahía de Ohuira, ubicada en Topolobampo, Sinaloa, cuenta con las condicionantes ambientales y las capas de seguridad necesarias para disipar los riesgos de accidentes en la región. Así lo determinó José Gilberto Cardoso Mohedano, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien evaluó el impacto y la viabilidad del proyecto petroquímico que se desarrolla en el norte del estado.
De acuerdo con el especialista, sustancias como el amoníaco o la gasolina no representan una amenaza directa para el entorno, a menos de que ocurra una manipulación inadecuada por parte de los operadores. Cardoso Mohedano detalló que, en términos de impacto ambiental y operativo, una planta que procesa este compuesto químico mantiene una incidencia de riesgo baja debido a los protocolos de vigilancia permanente aplicados por las dependencias gubernamentales sobre la entidad privada responsable de la obra.
El investigador de la UNAM también advirtió sobre la relevancia estratégica de la infraestructura en Topolobampo para el sector agrícola de México. Actualmente, la mayor parte de los agroquímicos utilizados para la siembra en territorio nacional provienen del extranjero; la carencia o retraso de estos insumos pondría en una situación crítica a múltiples cultivos indispensables para el abasto alimentario, lo que vuelve necesaria la producción interna de fertilizantes y derivados químicos.
Por su parte, la autoridad gubernamental ha verificado de manera estricta que las instalaciones dispongan de sistemas automáticos de detección, alarmas sonoras, válvulas de cierre hermético y personal capacitado. Estas operaciones preventivas se ejecutan mediante brigadas internas que coordinan rutas de evacuación y simulacros periódicos enlazados directamente con las autoridades municipales, del sector salud, ambientales y de Protección Civil.
El cumplimiento de los esquemas normativos vigentes y el diálogo abierto con las comunidades aledañas resultan determinantes para garantizar la coexistencia del megaproyecto con el ecosistema marino de la zona sinaloense.
GPO opera bajo condicionantes que exigen sistemas de detección, válvulas de cierre automático y procedimientos de emergencia supervisados.
La importación actual de la mayoría de agroquímicos para siembra en el país expone a los cultivos nacionales a riesgos de desabasto.
Brigadas internas coordinan simulacros obligatorios en conjunto con dependencias municipales, de salud, ambientales y Protección Civil.

