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Alessandra Rojo de la Vega pacta con el “poder invisible” : de la alcaldía al templo masón

Entre escuadras y compases, la alcaldesa electa de Cuauhtémoc busca el respaldo de la Gran Logia del Valle de México para blindar su gestión.

Alessandra Rojo de la Vega ha decidido que su gobierno en la alcaldía Cuauhtémoc no solo se sostendrá con votos, sino con alianzas históricas y herméticas. En un movimiento que rompe con la narrativa política tradicional de la CDMX, la alcaldesa  se reunió formalmente con el Muy Repetable Gran Maestro de la Gran Logia del Valle de México, Ángel González Cruz, en un encuentro que busca tender puentes con uno de los grupos de influencia más discretos y poderosos del país.

​La reunión, lejos de ser un evento social más, posiciona a Rojo de la Vega en el centro de una red de contactos que históricamente ha moldeado la vida pública mexicana. Mientras el escenario político en la capital sigue siendo una arena de choques directos, ella opta por la diplomacia de los “hermanos”, presentándose ante los masones no solo como una política en ascenso, sino como una gestora que reconoce la importancia de los ritos y las jerarquías fuera del espectro electoral.

Este acercamiento es estratégico. La Gran Logia del Valle de México no es solo una organización filosófica; es un centro de pensamiento donde convergen empresarios, académicos y figuras de alto nivel que suelen operar bajo el radar. Para Alessandra, este “espaldarazo” masónico representa un escudo de legitimidad. El mensaje es claro: tiene el apoyo de las instituciones formales, pero también de las filosóficas.

Bloque de Datos Duros:

Rojo de la Vega sabe que en la política mexicana, lo que se firma en el templo tiene tanto peso como lo que se jura en el cabildo.

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