Desde un aula de preescolar en Chiapas, el maestro Uri Armín Estrada Lara está desarrollando una plataforma tecnológica inédita en México: una herramienta basada en Inteligencia Artificial (IA) que permite a personas con dificultades de comunicación —incluidos niños con autismo— expresarse mediante pictogramas, no solo en español, sino también en lenguas mayas.
El proyecto funciona a través de tabletas y utiliza una cámara que, mediante IA, interpreta movimientos y gestos corporales para traducirlos en mensajes comprensibles. “Muchas veces no entendemos lo que un niño quiere decir cuando da vueltas en el piso o se toca la oreja. La plataforma interpreta esos movimientos y genera una respuesta”, explicó el docente.
Por ejemplo, si un niño se toca la oreja, la aplicación puede identificar una posible molestia; si gira sobre el piso, podría tratarse de hambre. A partir de una base de datos entrenada con teoría sobre el espectro autista, la IA interpreta la conducta y traduce la necesidad.
Además, el niño puede seleccionar pictogramas —como el de comida— y la aplicación verbaliza el mensaje de forma automática: “tengo hambre”, incluso en lenguas originarias de Chiapas. “No existe antecedente de una aplicación que funcione en una lengua maya”, subrayó Estrada Lara.
IA regionalizada, no genérica
El proyecto forma parte de un esfuerzo más amplio del docente por romper barreras de comunicación. Previamente, desarrolló una herramienta para traducir tseltal al español mediante IA, una de las lenguas más habladas en la entidad.
A diferencia de plataformas comerciales, el maestro asegura que están construyendo un motor propio de Inteligencia Artificial, entrenado con contexto regional. “Nuestra IA entiende que hablamos lenguas indígenas, que existen modismos y variantes por municipio. No responde con acentos o estructuras ajenas a nuestra realidad”, explicó.
La plataforma reconoce al menos 13 lenguas y sus particularidades locales, lo que permite una comunicación más precisa e incluyente.
Una herramienta nacida en el aula
Estrada Lara desarrolló la plataforma a partir de su experiencia directa como maestro de preescolar. “Tengo niños con estas condiciones. Empecé en una fase experimental con material propio y después los padres compraron tabletas para que los niños pudieran comunicarse”, relató.
Aunque reconoce que la tecnología implica un costo, aclara que basta con tabletas accesibles y resistentes, idealmente una por salón, fijada y de uso rudo. “Si el niño quiere ir al baño, solo presiona el botón”.
El proyecto lleva más de seis meses de desarrollo y será presentado el 10 de febrero ante una mesa interinstitucional en la que participará la Secretaría de Educación, con el objetivo de demostrar que el uso de IA en el aula es viable y funcional.
Finalmente, el docente advirtió que para escalar la plataforma se requerirá infraestructura tecnológica más robusta, como servidores de mayor capacidad, y apoyo institucional. “Las aplicaciones no tienen costo; las estoy desarrollando sin cobrar nada. Pero si queremos que esto trascienda, se necesita respaldo del gobierno”.


