Ricardo Barraza (GG) / Pulso Económico

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El T-MEC no está en riesgo: está en negociación

En las últimas semanas, Estados Unidos ha endurecido su discurso sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Amenazas de no renovar, declaraciones de que “no necesita a nadie” y un tono que ha generado ruido en los mercados. Sin embargo, más que un rompimiento real, lo que estamos viendo es una estrategia de presión para renegociar condiciones clave.

El objetivo central no es México ni Canadá. Es China.

Hoy, Estados Unidos busca reducir su dependencia de China y fortalecer las cadenas productivas dentro de Norteamérica. Los números lo explican mejor que cualquier discurso:
en 2024, el comercio total de Estados Unidos con México superó los 830 mil millones de dólares, convirtiéndolo en su principal socio comercial, por encima de Canadá (alrededor de 760 mil millones) y de China (cerca de 580 mil millones).

Dicho de otra forma:
México representa aproximadamente el 16 % del comercio total de Estados Unidos, mientras que China ronda el 11 %. Esto explica por qué, en términos económicos, romper el T-MEC sería un golpe directo para la propia economía estadounidense.

Además, la relación no solo es grande, sino creciente.
Las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos superaron los 660 mil millones de dólares en 2025, con un crecimiento cercano al 7–8 % anual, impulsadas por manufactura, sector automotriz y nearshoring. Estas cifras confirman que México ya es una pieza estructural en la cadena productiva norteamericana, no un socio secundario.

Por eso, aunque el discurso político suene agresivo, la realidad económica impone límites. Romper el tratado encarecería productos, afectaría a empresas estadounidenses y presionaría aún más al consumo interno, justo en un momento donde el dólar muestra debilidad y la economía global enfrenta desaceleración.

Lo que estamos viendo es una táctica conocida:
tirar alto para negociar en el centro.
Estados Unidos presiona públicamente para forzar condiciones más estrictas —principalmente para limitar la entrada indirecta de China— y después cerrar un acuerdo que le permita fortalecer a Norteamérica como bloque.

Para México, el mayor riesgo no es el desenlace, sino el periodo de incertidumbre. Mientras no haya claridad, la inversión se frena. Los inversionistas esperan definiciones antes de mover capital, lo que impacta crecimiento y empleo en el corto plazo.

Aun así, los datos muestran que el tratado no está en riesgo real.

En conclusión, el T-MEC no se va a romper. Se está reacomodando.
Estados Unidos presiona porque puede, pero negocia porque necesita. México y Canadá no son el problema; son parte de la solución para competir contra China.

Lo que hoy afecta a México no es el tratado en sí, sino la falta de certidumbre. Y en economía, la certidumbre vale tanto como los acuerdos.

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