Por Juan Manuel Acuña Salomón
A escasos 11 días de que venza el plazo estatutario para elegir al nuevo comité del sindicato de la UAdeO, la convocatoria sigue sin publicarse. Esta anomalía genera serias dudas. Según los estatutos, el periodo del comité actual es de cuatro años y expira este 22 de febrero; sin embargo, el silencio impera.
Digo “muchas dudas” porque existen lagunas legales que, a pesar de ser conocidas, nadie se atreve a señalar. Por ejemplo: no existe un reglamento de elecciones ni reglas claras sobre el proceso. Este vacío normativo le da “bateo libre” al comité actual para manejar la sucesión a su antojo.
Ya existe un precedente: cuando Araceli Padilla fue Secretaria General, pospuso la elección de febrero a marzo bajo el mismo argumento de la falta de reglamento. Es altamente probable que la historia se repita, aunque fuentes internas indican que la convocatoria podría lanzarse este 18 de febrero. De ser así, los aspirantes tendrían apenas cuatro días para el registro y la campaña. Un proceso, por decir lo menos, atropellado.
Esta elección sindical es, en realidad, el banderazo de salida adelantado por la Rectoría. El grupo que logre la Secretaría General dará un paso firme hacia el control de la universidad. Actualmente, la disputa se divide en dos bandos:
El grupo oficialista: Cobijado por la sombra de la administración anterior y el Movimiento para la Defensa de la Verdadera Autonomía: Surgido tras la cuestionada imposición del actual rector.
Quien gane el sindicato estará a un paso de asegurar la próxima rectoría. Aunque faltan dos años para ese relevo, la lucha se ha anticipado, desgastando a un rector que sigue sin legitimarse y que, absorto en conflictos políticos, ha descuidado la esencia de la universidad: lo académico.
Bajo mi análisis, la administración actual ya perdió este round. Su “gallo” no despega. El Movimiento por la Autonomía ha sumado el apoyo de Raúl Portillo, actual Secretario General, un movimiento táctico que explica el debilitamiento del oficialismo. El panorama es tan adverso para ellos que ya preparan un “Plan B”: formar un sindicato alterno con sus incondicionales en caso de una derrota inminente.
En medio de este caos, los únicos perdedores son los estudiantes. La falta de atención académica, el deterioro de la infraestructura y la carencia de recursos operativos son evidentes. A esto se suma el fracaso del “Plan Flex”, que no ha logrado institucionalizarse por completo.
La UAdeO parece avanzar a pasos agigantados hacia el abismo, sumida en la polarización y con un presupuesto acotado que apenas cubre las necesidades mínimas. La crisis financiera total no ha estallado, pero es cuestión de tiempo. Y mientras la lucha por el poder continúa, quedan sombras sin aclarar, como el destino de los más de cinco millones de pesos que, se rumora, fueron desviados de las arcas sindicales.

